La Isla desierta (dinámica)

Seguramente hemos hecho muchas veces esta dinámica o juego: la isla desierta. Aquí presento una versión que he practicado con los alumnos, dejando de lado otras líneas de trabajo (¿Qué te llevarías a una isla desierta?) (¿Qué reparto de trabajos se debería hacer entre vosotros para sobrevivir en una isla desierta?)… La industria del entretenimiento también tocó este tema de supervivencia en una isla con toda su potencia visual, por desgracia, así que exploramos directamente Las ganas de vivir y el valor de la vida.

Has caído en una isla desierta del Pacífico. Estamos fuera de ruta, no vendrá ayuda.

Los primeros días fueron chéveres, chachis, magníficos. La isla es como un paraiso, pero pequeña, muy pequeña. Hay un buen riachuelo, pero escasea la comida y en pocos meses, con cinco personas en ella, se acabarán los cocos y las bananas. Poca pesca por los tiburones…

Hay un bote.

El que lo tome puede navegar mil millas al Oeste y probablemente encontrar ayuda. Le daremos veinte cocos, dos bananas y uno de los aparejos de pesca. Probablemente sobreviva (si no hay tifones…).

Los otros puede que mueran antes de que llegue la ayuda.

Preguntas:

  • ¿Quién es el apropiado para ir en la barca y salvarse el primero?
  • ¿Por qué?
Las fotos son efectivamente de una Isla, pero no desértica: son de Cayo Sombrero, en el Parque Nacional Morrocoy

Caballeros de la Alegría (I): el robo

LOS CABALLEROS DE LA ALEGRÍAComposición sobre una foto de flickr con CC que no consigo reencontrar

El Reino de la Alegría se extendía sin problemas por docenas de leguas en medio de los otros reinos. Cualquier súbdito de Alegría tenía siempre a su disposición, cada día, enormes porciones de Razones para la Alegría, de diferentes tipos, que empleaban en cualquier situación para mantenerse en la Verdadera Alegría.

Un día, sin embargo, desaparecieron las Razones para la Alegría del Palacio de Rey. Ayer estaban en su sitio, pero al día siguiente el Rey no era capaz de encontrar razones para la Alegría. Permanecía triste y melancólico, sumido en la tristeza.

Los funcionarios reales comprobaron pronto que el robo se estaba produciendo en muchos lugares del Reino. La gente que antes valoraba las maravillas del tiempo se quejaba ahora de las inclemencias de las lluvias. La gente con un buen trabajo hablaba sólo de sus preocupaciones, y los que no tenían trabajo se desesperaban si confianza ninguna en alcanzarlo. Empezaban a verse los enfados en los atascos, y colas y atascos se multiplicaban por la falta de amabilidad de los conductores. Muchos muchachos retrasaban su vuelta a casa porque sus hogares ya no eran un lugar alegre.

  • – Majestad – le dijeron sus súbditos –  esta situación es insostenible, el Reino de la Alegría desaparece ante nuestros ojos, y la gente parece que no reacciona, si no es para quejarse y enfadarse por ello.

El Rey, que no estaba dispuesto a vivir sin alegría para él y para sus amados súbditos, decidió que era tiempo de contratacar. Así, una mañana especialmente fría y gris, el Rey del país de la Alegría convocó a sus caballeros y a todo el pueblo para decirles:

  • ¡Amigos! Todos saben que después de grandes esfuerzos, hemos llegado a vivir en paz y felices en nuestro reino. Tenemos buenas cosechas y hermosas canciones, hemos edificado escuelas y hospitales, y todos los súbditos del Reino viven con Alegría cada día.
  • Pero ahora, una terrible desgracia nos sucede. Los cinco reinos vecinos, el Reino de la Soledad, del Aburrimiento, del Cansancio, de la Tristeza, y el Sufrimiento,se disponen a atacarnos, mediante magia y encantamientos que consigan aislar nuestra alegría y arrebatárnosla.
  • Los sabios del Reino nos dicen que debemos reunir a los mejores caballeros, los mejores expertos en defender la alegría. Deberán defender con total entrega la Alegría que todavía no ha sido robada y averiguar cómo se producen estos asaltos para que todos nosotros, antigua gente de la Alegría fácil, aprendamos a mantenernos en la verdadera Alegría.

Así se fijó para el próximo Domingo el desfile y la selección de candidatos. Naturalmente, se presentaron muchos voluntarios: el juglar, el herrero, el carpintero…. Querían ser caballeros de la Alegría los nobles y los soldados, los profesores y los campesinos, los lavanderos y los artesanos. ¿Quién es verdaderamente capaz de defender la Alegría allí donde sufrimiento, tristeza, cansancio, aburrimiento y soledad atacan sin piedad?

Enemigos mortales

Inspirado por una joven rebelde.

En las profundas selvas del Amazonas todos los animales respetan las normas de la Naturaleza. Una vez, una joven Jaguar de mirada penetrante y movimientos felinos cayó en una trampa de cazadores furtivos que le destrozó una pata. Gracias a Dios, la encontraron antes los indígenas y avisaron a los guardias, quienes la sedaron y la enviaron a un centro de recuperación de animales salvajes.

Cuando la joven jaguar despertó, se encontró con la pata enyesada sobre un triste árbol seco, con un cuenco de agua y paredes de dura roca vertical en la oscuridad. Después de mucho tiempo, el frente se iluminó con una luz cegadora y  se acercaron varios humanos sin ninguna muestra de respeto o temor ante ella. La joven jaguar, siguiendo la lógica de los animales de la selva, se lanzó rugiendo sobre los enemigos para espantarlos, pero  a medio salto, se golpeó con una enorme superficie lisa y fría, sin olor ni movimiento.

El golpe fue terrible. Ese enemigo estaba mucho más cerca de lo que había calculado, y era extrañamente fuerte y despiadado. Sintió miedo, pero debía mantener la dignidad y la lucha. Se volvió a lanzar, y recibió un nuevo golpe. Intentó acercarse de nuevo, pero le detuvo esa fuerza rígida y fría. Lanzó un zarpazo con la pata buena, pero sus uñas no hicieron mella en el enemigo, que por alguna magia se veía mucho más atrás de lo que decían sus golpes.

Una hora más tarde, los cuidadores decidieron que aquella joven jaguar no era capaz de adaptarse:
– “¡Es una fiera demasiado agresiva!, ¡No quiere adaptarse al sistema! Y dado que se está lastimando cada vez más contra el cristal, rechazando nuestra ayuda, seguramente deberá ser sacrificada.”

Pero Waqua, el joven yawarana que ayudaba a su padre en el centro, se quedó en la oscuridad cuando se fueron los cuidadores. Pasó allí mucho tiempo, observando al Jaguar en la penumbra, hasta que entendió su dolor y su dignidad. Entonces tomó un cesto, abrió la jaula y se metió dentro.

La Jaguar, al ver a un nuevo intruso, y mucho más cerca, saltó de nuevo y a unos centímetros del joven rugió con todas sus fuerzas. Este, realmente aterrorizado, se encogió en el suelo, haciéndose un minúsculo ovillo bajo el cesto. La joven Jaguar, ante aquel enemigo que temblaba indefenso, volvió a lanzar su rugido, acercó su hocico, lo olió,… y decidió que no era amenaza ni lo necesitaba ahora como alimento. Majestuosa, le dio todavía una vuelta más y volvió satisfecha por fin a su rincón.

Cuando volvieron los cuidadores, descubrieron asombrados la jaula abierta y al joven sentado dentro, tejiendo un cesto mientras la Jaguar permanecía tranquila a tres metros. Haciendo señas de no encender la luz, Waqua salió de la jaula y con ayuda de los traductores les explicó el cambio:

– Ustedes, hombres de la ciencia, curaron  a la jaguar, pero la encerraron poniendo entre ellos y ustedes una barrera de cristal, invisible, pero rígida. La jaguar, al acercarse para pedir espacio y respeto, se golpeó contra el muro inflexible de la seguridad que ustedes levantaron. Pensaban que protegían a los dos con el cristal, pero consiguieron que ella se hiriera con su propia dignidad.

– Yo entré en su mundo, sin cristal que le devolviera su propia ira. Sin barreras, pudo acercarse y transmitir su mensaje, así que ya no necesitó mantener su lucha. La jaguar no es agresiva, simplemente ustedes, al quedarse lejos y seguros tras el cristal, la dejaron sola con su dolor, y eso era lo que hizo daño.

– Arriésguense, pongan una simple reja de madera que marque el límite, superen la distancia y descubrirán que la Jaguar es, como ustedes, simplemente otro animal más que busca su propio lugar.

Violencia en violencia

La violencia es el conflicto que daña mi vida, mi integridad física, o el ejercicio de mis derechos humanos. También es violencia el conflicto con otras personas cuando, además de lo anterior, destruye mi paz y retuerce mis proyectos.Los datos que manejan los investigadores sociales nos ayudan a conocer la parte objetiva del problema: ver sobre todo la lista de países por índice de homicidios de Wikipedia en inglés: http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_intentional_homicide_rate

Hay una gran violencia estructural en las condiciones de vida de muchas personas: vivienda indigna, miseria, dificultades para acceder a la salud o a un trabajo estable, alto fracaso escolar, abundancia de droga, prostitución y tráfico de armas,… También se convierte en violencia estructural la falta de funcionamiento de la justicia o la corrupción que impide acceder a los más humildes a lo que le correspondería por derecho, o el defectuoso sistema económico que nos golpea con la inflación y la carestía.

Hay una gran violencia social que nos afecta a todos: desprecio de unos grupos a otros. lenguaje militarista cargado de insultos y amenazas, imposición de un modelo social único que combate al que no piensa igual, presencia creciente de fuerzas armadas en las calles, congestión en la circulación y tensión en las colas. El funcionamiento defectuoso de los servicios públicos (asfaltado, limpieza, sistema eléctrico, distribución de alimentos,…) también es una forma de violencia pasiva que afecta a las familias y sus bienes.

Pasando a las expriencias de violencia concreta, hay numerosos conflictos violentos entre ciudadanos, especialmente en la ciudad, donde en vez de usar el diálogo se usan los gritos y las peleas: empujones en el metro, luchas por conseguir buseta, accidentes, discusiones cuando hay un choque, gente que maneja imprudentemente,…Y finalmente, está la violencia que ejerce la delincuencia: hurtos, robos en la calle o en la buseta,atracos, balas perdidas que acaban con la vida de mucha gente, asesinatos muchas veces gratuitos y con extrema crueldad.

 

Pues bien. De todo esto tenemos en abundancia en Venezuela, y de una manera privilegiada en Caracas. Por eso te invito a ver el video musical, o más bien el cortometraje, que presentaron hace poco con la canción “Rotten Town” de Onechot (aviso: es bastante impresionante, los menores deben verlos acompañados de un adulto para dialogar y asumir lo que se refleja allí)

¿Qué opinas del video? ¿Han reflejado los artistas la verdadera realidad de la violencia?

Zona de guerra, zona de paz

Una vez, hace no mucho tiempo,  había un valle escondido en las montañas, de buenas tierras y limpios riachuelos. La gente vivía feliz cultivando maíz y criando animales. Era casi un pequeño paraíso, excepto por un pequeño detalle: los políticos habían puesto la frontera entre dos países por en medio del valle y discutían por el derecho a la totalidad del mismo ante los indiferentes pobladores del valle.
Un día, con tantas armas y patrullajes, a un soldado se le disparó un tiro y mató una vaca del otro lado:
¡Es una provocación! Dijeron los políticos – ¡Es intolerable!, dijeron los generales, y se declaró la guerra. Reclutaron a los campesinos, les pusieron fusiles en las manos y cascos de acero en la cabeza, y los nombraron “soldados”. Durante un mes entero, en vez de arar los valles y recoger el maíz, se dedicaron a disparar morteros y lanzar granadas a los antiguos vecinos del otro lado de la frontera, porque se había declarado el valle zona de guerra.
Mientras los generales estudiaban mapas y daban discursos, los habitantes del lugar sufrían al ver cómo sus familias, especialmente sus hijos, quedaban en medio de los disparos y bombardeos de ambas partes. Un día un soldado sugirió dejar una zona de paz para las familias de unos y otros, y pelearse en el resto de la frontera. Levantaron la bandera blanca, se reunieron con los soldados del otro lado, y quedaron de acuerdo en dejar una colina remota que quedaba río arriba, una mitad en cada lado de la frontera, como zona de familias, hacia la que nadie dispararía.
Al día siguiente cuando el general ordenó el despliegue para atacar esa colina donde se veía mucha gente, los soldados le dijeron respetuosamente que no se iba a disparar ni un solo tiro en esa zona. Lo mismo pasó con los otros soldados, por lo que se fueron a pegar tiros río abajo lejos de sus hijos y familias.
Dos semanas más tarde, era evidente que la zona de guerra era inmensa y que la zona de paz era muy pequeña. “Además, dijo uno, mañana nos han dicho de ir donde sembramos papas y moras, y es una pena perder la cosecha. ¿porqué no extendemos la zona de paz un poco más para que puedan cosechar, y nosotros nos vamos río abajo?”
Al día siguiente pasó lo mismo con un campo que tenía el maíz creciendo muy bien. “Nada de tiros aquí,- declaró un muchacho –  que esto es de mi tío: “¡que sea zona de paz!”. Al día siguiente decidieron mover todavía un poco más la zona de paz, porque no era plan destrozar el potrero del señor José. Al día siguiente extendieron la zona de paz doscientos metros más allá, para salvar un melonar muy bueno…
Tres meses más tarde, los generales de los dos ejércitos tuvieron que contentarse con enfrentarse a golpes en la zona de guerra que les dejaron los soldados: una era desierta de piedras y espinos de quince metros de ancho.
Nadie del pueblo se preocupó de saber quién había ganado. Solo movieron al día siguiente la zona de paz unos pocos metros más.

A %d blogueros les gusta esto: