La libertad tiene forma de pirámide (1)

La libertad tiene forma de pirámide. Y, al igual que muchas pirámides mayas, mesoamericanas o egipcias, tiene forma escalonada, en niveles sucesivos.

PiramideSaqqara_800pxPirámide escalonada Zoser, en Saqqara (Egipto), probablemente la más antigua del mundo. La Pirámide Zoser se considera la más antigua del mundo, pues fue construida por el arquitecto Imhotep como monumento sepulcral del faraón Zoser (2650 a.C.)

Piramide_Chichen_Itza_3

Pirámide maya de Kukulcán en Chichén Itzá (México), s. XII. El diseño de la “pequeña” pirámide obedece a importantes cálculos astronómicos que se incorporaron al culto de Kukulcán, la serpiente emplumada.

Lejos de considerar la Libertad humana como un monolito, un todo-nada que se pone en juego en cada decisión, debemos empezar a diferenciar los materiales y formas de cada escalón para poder culminar la obra de ser libres.

Dimensiones de_la_Libertad_2

Voy a intentar explicar este concepto en varios pasos. En este primer post invito a pensar en las grandes paradojas que vivimos con la libertad.

  • Soy libre para poder sacarme la camisa en mi escuela o empresa, pero se que no debo. ¿El que acata la orden es un cautivo? ¿Y el que la trasgrede es libre?
  • Tengo libertad para poder comprarme un refresco cada mañana pero decido guardar el dinero para conseguir un libro sobre mi hobby favorito este fin de semana: ¿soy más libre o menos libre que el que decide cada día si le apetece comprarse el refresco?
  • Mis amigos pasan las vacaciones haciendo cada día lo que quieren: dormir o ver la tele, salir a dar una vuelta o ir al centro comercial. Yo me inscribí en una “clínica-taller” de técnicas de futbol, y cada día me levanto antes de amanecer y vuelvo agotado al anochecer. La semana que viene ¿quién será libre de optar a titular del primer equipo de fútbol?
  • El soltero tiene su casa como le de la gana y va con unos amigos distintos cada noche, mientras que el casado y con hijos ni siquiera contempla la posibilidad de quedarse tomando algo antes de ir a casa. Mucha gente dice que la soltería es libertad y el matrimonio encierro, pero ¿es libre el soltero para amar en totalidad a una persona, entregarle cada día de su vida? ¿es libre para amar?

¿Qué respondes tú a estas preguntas? ¿Cuándo crees que somos libres?

Estas paradojas suelen quedar encerradas en normas y fórmulas de compromiso, perdiendo la perspectiva de la libertad humana. Por eso en la siguiente entrega introduciremos el concepto de niveles de libertad.

1blue2blue3blue

Anuncios

Antenitas no va a la fiesta (cuento)

En los llanos de Venezuela el Verano es una estación dura y difícil. Los esteros se secan y gente mala prende fuego a los linderos de los caminos. Por eso la Primera Gran Lluvia es celebrada con una gran fiesta, donde los protagonistas son los animalitos nacidos en la estación.
Antenitas, un un joven caracol de rivera que, al llegar la Primera Gran Lluvia, se encerró en casa. Gruesas gotas empapaban la tierra sedienta y e invitaban a la alegría. Sus padres, dos grandes caracoles de caparazón oscuro, le ordenaban con firmeza: ¡Sal de la casa, disfruta de la lluvia y ve a la fiesta! Pero él con una voz con eco porque estaba muy adentro y muy triste, decía: ¡No!, ¡no tengo nada que celebrar!

Llegó su amiga del Cole, una conquilla de mar hija de un Musié de oriente, y le insistía entre sorbos de lluvia fresca: ¡Todos tenemos cosas que celebrar! ¡Tanto que hemos aprendido! ¡Ven a la fiesta!. Pero él sacando los ojitos al extremo de sus antenitas, la miró y le dijo: ¿Qué voy a celebrar? Soy el animal más lento del Cole, y con mi casa a cuestas soy también el más torpe. Que celebren el halcón y el tigrillo, que canten el turpial y el alcaraván… ¡no tengo nada que celebrar!

Llegó su vecino de la mata de topocho, un ratoncito de largos bigotes, todo empapado por el diluvio que ya caía, y le rogaba: ¡Ven a la fiesta, Antenitas! Yo soy pequeño y minúsculo, pero no envidio al Chigüire ni a la Danta: gracias a mi tamaño, entro por un hueco en la quesera para merendar queso fresco todas las tardes. Pero él, sacando sus antenas, miró a su amigo y dijo: Es cierto, cada animalito tiene sus ventajas, pero yo soy lento y torpe hasta en medio de los otros caracoles. ¡no tengo nada que celebrar!

Su maestra, una lechuza de de enormes ojos color anaranjado, miró el grupo en torno al caracol y le preguntó: Antenitas, ¿recuerda al inicio del curso, que apenas sabías sostenerte sobre los tallos de hierba para alcanzar las hojas más frescas y cómo te costaba practicar submarinismo en el riachuelo? Eĺ respondió tímidamente: ¡Sí, pero no tengo nada…!

Sin dejarle acabar, la lechuza rompió con el pico el lindero del estero y un chorro de agua inundó el camino donde se habían reunido todos. Los caracoles de rivera y de mar salieron disparados, el ratón saltó sobre el topocho y la lechuza voló hasta el Samán. Antenitas se vio rodeado y pronto sumergido, y por instinto sacó todo su cuerpo, se agarró al fondo del camino y luchó por avanzar contra la corriente mientras aguantaba la respiración. Así llegó al borde del camino, se encaramó sobre un tallo verde que colgaba sobre su cabeza y con todas sus fuerzas hizo ventosa y subió hasta lugar seguro.

Desde lo alto de la mata miró a su familia y a sus amigos, escurrió el agua de su concha y dijo: ¡Vaya, sí que tengo que celebrar! ¡Aprendí lo necesario para estar vivo! ¡Tengo mucho que celebrar! ¡Vamos a la fiesta!

El inventor del diálogo (Cuento)

Cuando Dios hizo al hombre y a la mujer, se quedó muy contento de cómo los había hecho. Hacer el mundo en siete días había sido difícil, pero el resultado era tan bueno… y pensando así se fue a descansar. Cuando volvió el día octavo, con gran sorpresa encontró a la primera pareja hablando a la vez muy enfadados.

– “Qué bueno que viniste, Dios – dijo Adán – ¡Tengo un problema inmenso!”.

Bueno, tú dirás, – dijo Dios.

Es Eva, esa mujer. Tú sabes que soy buena gente, que con los animales ningún problema, todo el día panitas, paseos por el Edén, ya sabes… ¡Pero esta mujer es una cabezota! todo el día estamos… ¡discutiendo!

– ¿Discutiendo?

Eso, “discutimos”, “peleamos – dijo Eva que estrenaba nueva hoja de parra – pero por culpa de ese bueno.para.nada de Adán.

Dios estaba sorprendido: – ¿Y qué es “pelear”?

– Bueno, lo que ves: Yo digo que vamos a la montaña y ella que al río…

– ¡Porque tú no te bañas nunca y hueles como un bisonte!

– ¡Y tú quieres ir allá para ver a tu amiguita la culebra esa!

¡La culebra! ¡El árbol del bien! ¡EL PECADO! Ahora entendía. Dios agachó la cabeza triste. Qué poco había durado la paz en el Edén. ¡El ser humano lo había echado todo a perder! Y ante la invención de la disputa, en su inmensa Trinidad de amor, había que inventar algo nuevo, empezar el plan de salvación.

OK, OK, muchachos, -Intervino Dios muy serio- esto es lo que haremos: La serpiente va castigada, por supuesto; y ustedes dos y sus hijos tienen que asumir responsablemente las consecuencias…peleas, discordia, mentira, celos, egoísmo… y apenas acabamos de empezar. Pero dentro de 198.000 años voy a enviar al Salvador y…

¿Y mientras tanto? ¿Hasta entonces nada de ayuda? – Respondieron los dos con cara de susto, por una vez de acuerdo en algo.

Dios se detuvo a pensar. Tenían razón. El desastre de la discordia necesitaba de una fuerza opuesta para mantener algo del sabor de la armonía original. Había que completar el plan. Lo que había que hacer sería…
¡Ya está! Les voy a dar una fuente de paz, …Y desde hoy mismo empiezo a enviar a mi Hijo. Él es la Palabra, y se encarnará en sus palabras cuando las usen para superar “peleas”: hablar, ponerse de acuerdo, pedir perdón….
¡Oh! ¿Y cómo se llama eso?
Muy sencillo. Lo llamaré… ¡DIÁLOGO!

Y desde entonces Dios se encarna todos los días en tu diálogo constructivo, en las palabras a las que les abres el corazón y las que dices desde ahí mismo. Dios está encarnado en el diálogo que sostiene el amor.

Nota: El dibujo es un borrador hecho con InkScape. La representación de palabras es la nube generada a partir de este blog con http://www.wordle.net/ .

La libertad tiene un precio

Julia está muy harta de que sus padres y sus hermanos mayores le manden y le digan todo el día lo que tiene que hacer. Como ya no es una niña pequeña, quiere su propio espacio y se queja a su mamá de que no le dan libertad:

– Mamá, Papá, ¡nunca me dejan hacer lo que quiero! ¡Siempre me mandan hacerlo todo! Mucha independencia de Venezuela, pero a mi nada.

– Pero, querida, ¿ya estás preparada para ser libre?

– Claro, Mamá, ¡yo se bien lo que quiero!

– Bueno, está bien,… ¡hagamos la prueba! Esta semana vas a ser libre e independiente.

– ¿En serio? ¿De verdad puedo hacer lo que quiera esta semana?

– Sí, querida, eres totalmente libre… mientras no quemes la casa, claro.

Y así sucede. Nadie le llama para despertarse, así que Julia duerme hasta la hora que quiere. Va a comer cuando le apetece y no le dicen nada si se pasa horas viendo televisión o chateando.
Los dos primeros días son fabulosos, como si fuera un sueño… Pero al tercer día se da cuenta de que no encuentra ropa limpia, que nadie lava los platos por ella, que ya está harta de comer yogures y doritos, porque nadie le hace comida cocinada, y que su habitación huele bastante mal.
El cuarto día, comprende que su familia la está retando, así que se apodera de la cocina para hacerse spaghetti y pollo con papas fritas, e intenta lavar su ropa y plancharla. Pero se le pegan los spaghetti y quema dos franelas con la plancha.
El quinto día es una pesadilla: está aburrida de tanta tele, le duele la cabeza, la habitación es un desastre y se acabaron los yogures pero nadie ha ido a comprar más.
El sexto día levanta la Bandera Blanca y se rinde: ¡así no es manera de vivir!

Antes de empezar de nuevo la normalidad, sus padres le explican una importante lección: Ser libre toda una vida no es lo mismo que pasar un fin de semana con la nevera llena, la factura del cable e internet pagadas y los amigos disponibles. Cada avance hacia la libertad exige la misma progresión en la responsabilidad. Y la libertad, final, la independencia, nos compromete a ser responsables de nosotros para siempre.

– Mamá, ¿Eso significa que cuanto más libre más tengo que trabajar y más me tengo que preocupar de las cosas?

– Sí, hija, Ese es el precio de la libertad.

La libertad tiene un precio. ¿Estás dispuesto a pagarlo?

Fotos: pajaritos silvestres, libres, cantando y visitando el hogar de los Sres. Buitrago, Cúcuta, Colombia.

A %d blogueros les gusta esto: