Los patos güires que se creían gallinas

Esta historia se ha contado de diversas maneras (águilas y gallinas la más corriente). Yo  la cuento como la viví, llano adentro, a tres horas de El Samán de Apure.

En una finca de los llanos venezolanos, unos muchachos que exploraban un estero descubrieron junto al agua unos huevos de ánade, el pato güirire. Los papas recibieron con pena los huevos, pues un vez movidos ya no pueden devolverse al nido, y decidieron ponérselos a un par de gallinas que estaban empezando a empollar.

Efectivamente, a los pocos días nacieron los patitos y sobrevivieron gracias a los cuidados de sus madres gallinas y al maíz molido destinado a los pollitos.

Lo curioso es que, cuando crecieron y superaron en tamaño y fuerza a todas las gallinas, con su bello plumaje pardo y negro y su gran pico rojo… siguieron comportándose como gallinas: caminando todo el día alrededor de la casa, rascando la tierra reseca con las patas y comiendo maíz y gusanitos polvorientos.

Un día vieron volar por encima de la finca una banda de ánades silvestres, en magnífica formación, batiendo sus alas poderosas camino de los esteros. Algo se iluminó en su interior, sintiendo la fuerza del instinto dentro de sí, y los más atrevidos empezaron a agitar las alas…

¿Qué hacen, insensatos? Les gritaron los patitos prudentes.
Pues, bueno…. ¡eso! Volar, queremos volar, eso es lo que realmente queremos.
No sean tontos – les respondieron los patitos prudentes – ¡Todos sabemos que las gallinas no podemos volar!

Pregunta: ¿No sientes dentro de ti unos enormes deseos de cosas distintas, de mayor libertad, de aventuras reales? ¿No será que tú también estás hecho para dejar la vida gris y volar por los cielos infinitos?

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La libertad tiene un precio

Julia está muy harta de que sus padres y sus hermanos mayores le manden y le digan todo el día lo que tiene que hacer. Como ya no es una niña pequeña, quiere su propio espacio y se queja a su mamá de que no le dan libertad:

– Mamá, Papá, ¡nunca me dejan hacer lo que quiero! ¡Siempre me mandan hacerlo todo! Mucha independencia de Venezuela, pero a mi nada.

– Pero, querida, ¿ya estás preparada para ser libre?

– Claro, Mamá, ¡yo se bien lo que quiero!

– Bueno, está bien,… ¡hagamos la prueba! Esta semana vas a ser libre e independiente.

– ¿En serio? ¿De verdad puedo hacer lo que quiera esta semana?

– Sí, querida, eres totalmente libre… mientras no quemes la casa, claro.

Y así sucede. Nadie le llama para despertarse, así que Julia duerme hasta la hora que quiere. Va a comer cuando le apetece y no le dicen nada si se pasa horas viendo televisión o chateando.
Los dos primeros días son fabulosos, como si fuera un sueño… Pero al tercer día se da cuenta de que no encuentra ropa limpia, que nadie lava los platos por ella, que ya está harta de comer yogures y doritos, porque nadie le hace comida cocinada, y que su habitación huele bastante mal.
El cuarto día, comprende que su familia la está retando, así que se apodera de la cocina para hacerse spaghetti y pollo con papas fritas, e intenta lavar su ropa y plancharla. Pero se le pegan los spaghetti y quema dos franelas con la plancha.
El quinto día es una pesadilla: está aburrida de tanta tele, le duele la cabeza, la habitación es un desastre y se acabaron los yogures pero nadie ha ido a comprar más.
El sexto día levanta la Bandera Blanca y se rinde: ¡así no es manera de vivir!

Antes de empezar de nuevo la normalidad, sus padres le explican una importante lección: Ser libre toda una vida no es lo mismo que pasar un fin de semana con la nevera llena, la factura del cable e internet pagadas y los amigos disponibles. Cada avance hacia la libertad exige la misma progresión en la responsabilidad. Y la libertad, final, la independencia, nos compromete a ser responsables de nosotros para siempre.

– Mamá, ¿Eso significa que cuanto más libre más tengo que trabajar y más me tengo que preocupar de las cosas?

– Sí, hija, Ese es el precio de la libertad.

La libertad tiene un precio. ¿Estás dispuesto a pagarlo?

Fotos: pajaritos silvestres, libres, cantando y visitando el hogar de los Sres. Buitrago, Cúcuta, Colombia.

El secreto de Merlín (Cuento)

Merlín tenía que hacer un largo viaje a tierras lejanas, así que dejó su casa en el centro del Bosque con un simple letrero sobre la puerta encantada:

“Se necesita ayudante: el seleccionado aprenderá como pago por su trabajo todo tipo de magia. 
Para obtener el puesto, deberá encontrar las palabras mágicas que yo uso para abrir la puerta al entrar y salir”.

Al poco tiempo la fila de jóvenes deseosos de entrar al servicio de Merlín se alargaba por el bosque como cola electoral. Uno a uno, los candidatos se acercaban a la puerta de la casa encantada y probaban palabras, encantamientos u órdenes para abrir la puerta. Pero nada, la puerta seguía inmóvil como si estuviera fundida en la piedra.
A las pocas semanas, con Merlín sin aparecer, apenas dos o tres candidatos se acercaban para probar y la entrada se iba cubriendo de hojas secas. Fue entonces cuando Randalf, un joven candidato que había viajado muchos días para aprender la verdadera magia, se plantó frente a la prueba. Estudió el anuncio y la puerta, probó el “Abracadabra” y el “Supercalifragilístico”, pero nada. ¿Por qué Merlín habría preparado una prueba así? – se preguntó – ¿Qué deseaba enseñar con eso?…
Meditó, pensó,…Y entonces comprendió: se puso frente a la puerta y, suavemente, dijo: “Puerta, ¡ábrete, por favor!”. Y la puerta, suavemente, se abrió para dar paso a Randalf, el joven aprendiz.
Mientras entraba, el joven sonrió pues ya sabía cuál era la otra palabra mágica para poder salir más tarde:
¡Gracias!

Para vivir la Semana Santa: catequesis pascuales

La Semana Santa es la experiencia más rica y productiva de la Liturgia cristiana. Las celebraciones, procesiones y vigilias nos ponen en contacto desde dentro con la experiencia de Jesús. El momento determinante en la vida de Jesús se despliega en medio de la Iglesia para vivir con Cristo su pasión, muerte y Resurrección. 

Desde hace algunos años hemos recopilado un montón de informaciones históricas, litúrgicas y teológicas sobre el camino de entrega del Señor. Surgieron del deseo de comprender y vivir mejor el camino de Jesús que nos impulsa en el compromiso liberador cristiano. Tienen el formato de la catequesis, acompañaron Liturgias muy vividas, y llevaron a importantes investigaciones teológicas. Las ponemos ahora a disposición de los lectores de este blog por si pueden ser de utilidad para prepararse a estos días de la Semana Santa, o quizás como base para una labor misionera o un retiro personal.

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Lo pueden leer, descargar, compartir y modificar a su gusto (Licencia CC). Si desean el original en formato ODT, avisen.

Que el Señor nos arrastre en su entrega de amor fuerte y vital para poder renovar nuestra forma de vivir el día a día: ¡Feliz Semana Santa!

Exceso de cariño

Un agricultor, decidido a  repoblar sus campos y renovar su producción, importó una cepa de la mejor vid de uva Gironet. Cuando llegó la plantita el agricultor, muy contento, cavó un hueco en un rincón soleado de su mejor parcela, mezcló la tierra con abono natural, preparó un buen riego y, con mucho cuidado, puso allí a la joven vid.

Pasado el primer invierno, el agricultor empezó a preocuparse por su vid: le habían brotado tres pequeños racimos y temía que, al madurar la uva, los animales o la gente que pasara intentaran apoderarse de los granos, estropeando la cosecha y la planta. Decidió  defenderla con una cerca que la protegiera totalmente, así que se puso a diseñar la mejor cerca posible contra la intrusión de los conejos por abajo, los pájaros por arriba y los paseantes por en medio. Compró varios metros de madera de roble y valló todo el perímetro con barrotes que partían del suelo bien apretados, se unían a media altura y formaban una curiosa jaula de rejilla por encima. Incluso los barrotes superiores tenían una curiosa organización, como una cortinilla, que podía moverse para dejar pasar el Sol de la tarde o el de la mañana.

"Vitte, Foglia Secca", del mismo album de Aldoaldoz: http://www.flickr.com/photos/aldoaldoz/1125340144/in/photostream/ (CC)

Sus amigos, que admiraban la joven vid de Gironet, se quedaron estupefactos ante la compleja cerca de madera. Al saberlo los demás vecinos, vinieron también hasta el campo para ver aquella prodigiosa cerca a prueba de intrusos de cualquier especie. Pronto aparecieron fotos en internet y se discutió el diseño en un par de blogs, lo que hizo que viniera gente de la ciudad a ver la cerca prodigiosa. El agricultor estaba tan contento de la fama de su cerca que la completó con varios detalles tallados con motivos vinícolas y abrió paso con su tractor hasta el lugar de visitas, mientras la vid, llegado el tiempo de la cosecha, languidecía bajo los pesados barrotes.

Aquel otoño el ayuntamiento decidió asfaltar el camino y poner cemento alrededor de la cerca para que los visitantes pudieran admirarla. La vid dejó de recibir lluvia y nutrientes a través de sus amplias raíces y tras el primer invierno, no volvió a brotar…

La gente siguió alabando al agricultor por su gran determinación y habilidad para salvaguardar su vid de uva Gironet. Sólo unos pocos niño se atrevían a preguntar para qué servía una cerca tan grande y fuerte si dentro no había nada que proteger ya…

 
 
Inspirado por el dicho de Rabí Hiya, del Midrash Rabbah sobre el pecado de Adán y Eva: “No hagas el cerco más importante que la cepa y evitarás que cuando caiga arranque la planta” (F.Hadjadj, La fe de los demonios, p.111)

ALEGRÍA DE LA BUENA


Un señor ve en una tienda un letrero que dice: “SE VENDE ALEGRÍA”, y entra.

  • Buenos días, señor. ¿Aquí se vende alegría?

  • Sí, eso dice el letrero de ahí fuera. ¿De qué precio la quiere?

  • ¿Cómo? ¿Tiene alegrías de distintos precios?

  • Sí, por supuesto. Como comprenderá, no todas las alegrías son iguales…

  • Claro, sí, no lo había pensado. ¡Dígame pues! ¿Qué tipos de alegría tiene?

  • Veamos. Tengo alegría instantánea: un chiste malo, cuatro risas y ¡hale, ya está! Esta se vende mucho, por ejemplo hay un tipo que viene en unos CDs que venden en las colas de los atascos. Alegra unos minutos y luego se pasa. Esa la vendemos barata.

  • ¿Y tienen alegrías más caras?

  • ¡Claro! Una alegría que dure unas horas, como cuando un hijo suyo, al que usted ayuda, pasa por fin el curso; esa es muy cara, y la gente a veces no se anima a pagar el precio en cuotas diarias durante meses… ¿le interesa?

  • ¡Oh, ya veo!… Bueno, yo tengo una vida con muchas preocupaciones. Por eso querria ALEGRÍA DE LA BUENA. ¿Cual es la mejor Alegría que usted tiene para mí?

  • Veamos, la mejor alegría, la que le encaja a usted,deje que mire entre mis frascos,… ¡ésta! ¡Alegría Auténtica® !

  • Bonito frasco, aunque lleno de polvo, ¡Coff, Coff! Pero dígame, ¿Es muy cara? ¿Cuánto cuesta?

  • Bueno, Señor, a usted esto le va a costar todas sus riquezas, las tendrá que dejar aquí, junto con sus preocupaciones. Eso incluye penas, discusiones y reproches. Todo lo tiene que dejar aquí, las necesita todas para pagar esta alegría, la mejor que tengo. ¿Quiere comprarla? ¿O  SE  VA  A  LLEVAR  UNA  MÁS  BARATA?

Preguntas:
La gente quiere la alegría para no estar triste. No entiende que debe pagar el precio de la tristeza para estar alegre.
Tú, ¿qué harías? ¿Estás dispuesto a pagar el precio de la alegría?
¿Lo pagas cada día? ¿es Alegría Autentica®, o es bien chimba y de efectos pasajeros?

Pimienta en grano, desastre cotidiano

Para Silvia, granito de pimienta.

Tuve una infancia feliz. Mientras crecía unida a mis orígenes, me sentí querida y valorada. Cuando llegó el tiempo de la cosecha yo, al igual que mis hermanas, fui recolectada con cuidado y sometida a un complejo proceso de maduración. Finalmente, con muchas más, entré en un hermoso frasco de vidrio y nos etiquetaron con cuidado: “Pimienta negra en grano”.Fue entonces cuando me di cuenta de que éramos diferentes. Desayuno, almuerzo y cena, veíamos a los más diversos ingredientes responder a los planes del Gran Cocinero. Si se trataba de hacer spaguetis, ya sabíamos que los tomates estarían invitados junto a la carne picada, aunque también se llevaban muy bien con los ajitos y el aceite. El arroz montaba siempre grandes fiestas con muchos invitados, y las frutas estaban dispuestas a cooperar entre sí para los postres. El Gran Cocinero nos decía que nadie debía imponer su personalidad a los demás, que el secreto de la cocina estaba en combinarse y mezclarse suavemente para formar un gran plato, con su propio estilo y sabor.

¡Pero yo soy un grano de pimienta! ¿Qué culpa tengo yo de este carácter tan fuerte que soy capaz de hacer estornudar hasta al Gran Cocinero! Y sí, es verdad, los demás no quieren formar plato conmigo porque dicen que soy picante, que soy demasiado fuerte, que los opaco… Así que, por mucho que me dijeran en casa que yo era una “especia super especial”, no pude dejar de sufrir la soledad en medio de la alegría de los otros ingredientes.

Pero un día el Gran Cocinero avisó de que tenía que preparar ¡el banquete de bodas de su hijo!. Y en ese banquete, el plato central sería un gran asado de las mejores carnes. Y mientras que la cocina se llenaba de alegría, mi picante corazón se llenaba de ansiedad: ¿sería este el día? ¿tendría el honor de entregar mis esencias en tan gran acontecimiento?… Poco a poco vi cómo iban llamando a los mejores ingredientes para que ocuparan sus lugares en las bandejas mientras los hornos se calentaban: aceites de oliva, papas tiernas, tomates en dados, aros de cebolla blanca, pimientos verdes y rojos, dulces ciruelas, delicadas almendras, esencias del romero, el tomillo e incluso un poco de albahaca… las posibilidades se acababan y la tristeza aumentaba, cuando, de repente… ¡el ayudante nos sacó del estante y nos llevó ante el Gran Cocinero. Él suavemente, nos depositó en su mano, aspiró los aromas, valoró mentalmente su guiso, y muy suavemente fue dejando una docena de granos de pimienta en cada bandeja para culminar su obra.

¡Fue algo maravilloso! Su aprecio y su confianza al contar conmigo me dio la tranquilidad para estar allí, con otros muchos ingredientes, entregar las esencias que me pedían y dejar que la cocción nos integrara poco a poco en una obra de arte dorada y humeante.

Hasta aquí podría haber sido el testimonio de mis otros amigos. Carnes, contornos, especias y condimentos pasaron suavemente de las bandejas de horno a las de servicio, de allí a los cucharones para desembarcar en los platos donde su sacrificio se volvía sinfonía gastronómica… Sin embargo, la sombra de mi pasado volvió entonces con brutalidad:

¡Nadie me tomó y me comió!

Los camareros nos evitaron con su cucharones mientras iban vaciando las bandejas. Algunas hermanas pimientas que llegaron a los platos fueron cuidadosamente evitadas y destinadas a ser compañeras de los huesos y las hojas de laurel.

Volver a la cocina, cocinada y vacía, fue la experiencia más dolorosa de mi vida.

Fue entonces cuando el Gran Cocinero me tomó en la punta de su dedo y me explicó con cariño:

¡Gracias, granito de pimienta! Solo tú, con tu personalidad tan fuerte, podías dar un aroma común a todos los demás ingredientes. Gracias por haber dejado tu cáscara aquí y todas tus esencias allí, en el plato principal. Lo que era tu problema, el ser picante y fuerte, fue la solución para conseguir la unidad.

Así que, pequeña hermana pimienta, si los demás a tu alrededor tardan mucho en apreciar tus aromas…

si cuando finalmente te piden tu colaboración te cierran el paso al protagonismo…

si cuando te piden la entrega de tus esencias parece que se desperdician y nadie te valora…

¡No te preocupes, tu aporte no es dar tu grano como comida, sino tu alma como condimento!

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