El secreto de Merlín (Cuento)

Merlín tenía que hacer un largo viaje a tierras lejanas, así que dejó su casa en el centro del Bosque con un simple letrero sobre la puerta encantada:

“Se necesita ayudante: el seleccionado aprenderá como pago por su trabajo todo tipo de magia. 
Para obtener el puesto, deberá encontrar las palabras mágicas que yo uso para abrir la puerta al entrar y salir”.

Al poco tiempo la fila de jóvenes deseosos de entrar al servicio de Merlín se alargaba por el bosque como cola electoral. Uno a uno, los candidatos se acercaban a la puerta de la casa encantada y probaban palabras, encantamientos u órdenes para abrir la puerta. Pero nada, la puerta seguía inmóvil como si estuviera fundida en la piedra.
A las pocas semanas, con Merlín sin aparecer, apenas dos o tres candidatos se acercaban para probar y la entrada se iba cubriendo de hojas secas. Fue entonces cuando Randalf, un joven candidato que había viajado muchos días para aprender la verdadera magia, se plantó frente a la prueba. Estudió el anuncio y la puerta, probó el “Abracadabra” y el “Supercalifragilístico”, pero nada. ¿Por qué Merlín habría preparado una prueba así? – se preguntó – ¿Qué deseaba enseñar con eso?…
Meditó, pensó,…Y entonces comprendió: se puso frente a la puerta y, suavemente, dijo: “Puerta, ¡ábrete, por favor!”. Y la puerta, suavemente, se abrió para dar paso a Randalf, el joven aprendiz.
Mientras entraba, el joven sonrió pues ya sabía cuál era la otra palabra mágica para poder salir más tarde:
¡Gracias!

Anuncios

A %d blogueros les gusta esto: