Antenitas no va a la fiesta (cuento)

En los llanos de Venezuela el Verano es una estación dura y difícil. Los esteros se secan y gente mala prende fuego a los linderos de los caminos. Por eso la Primera Gran Lluvia es celebrada con una gran fiesta, donde los protagonistas son los animalitos nacidos en la estación.
Antenitas, un un joven caracol de rivera que, al llegar la Primera Gran Lluvia, se encerró en casa. Gruesas gotas empapaban la tierra sedienta y e invitaban a la alegría. Sus padres, dos grandes caracoles de caparazón oscuro, le ordenaban con firmeza: ¡Sal de la casa, disfruta de la lluvia y ve a la fiesta! Pero él con una voz con eco porque estaba muy adentro y muy triste, decía: ¡No!, ¡no tengo nada que celebrar!

Llegó su amiga del Cole, una conquilla de mar hija de un Musié de oriente, y le insistía entre sorbos de lluvia fresca: ¡Todos tenemos cosas que celebrar! ¡Tanto que hemos aprendido! ¡Ven a la fiesta!. Pero él sacando los ojitos al extremo de sus antenitas, la miró y le dijo: ¿Qué voy a celebrar? Soy el animal más lento del Cole, y con mi casa a cuestas soy también el más torpe. Que celebren el halcón y el tigrillo, que canten el turpial y el alcaraván… ¡no tengo nada que celebrar!

Llegó su vecino de la mata de topocho, un ratoncito de largos bigotes, todo empapado por el diluvio que ya caía, y le rogaba: ¡Ven a la fiesta, Antenitas! Yo soy pequeño y minúsculo, pero no envidio al Chigüire ni a la Danta: gracias a mi tamaño, entro por un hueco en la quesera para merendar queso fresco todas las tardes. Pero él, sacando sus antenas, miró a su amigo y dijo: Es cierto, cada animalito tiene sus ventajas, pero yo soy lento y torpe hasta en medio de los otros caracoles. ¡no tengo nada que celebrar!

Su maestra, una lechuza de de enormes ojos color anaranjado, miró el grupo en torno al caracol y le preguntó: Antenitas, ¿recuerda al inicio del curso, que apenas sabías sostenerte sobre los tallos de hierba para alcanzar las hojas más frescas y cómo te costaba practicar submarinismo en el riachuelo? Eĺ respondió tímidamente: ¡Sí, pero no tengo nada…!

Sin dejarle acabar, la lechuza rompió con el pico el lindero del estero y un chorro de agua inundó el camino donde se habían reunido todos. Los caracoles de rivera y de mar salieron disparados, el ratón saltó sobre el topocho y la lechuza voló hasta el Samán. Antenitas se vio rodeado y pronto sumergido, y por instinto sacó todo su cuerpo, se agarró al fondo del camino y luchó por avanzar contra la corriente mientras aguantaba la respiración. Así llegó al borde del camino, se encaramó sobre un tallo verde que colgaba sobre su cabeza y con todas sus fuerzas hizo ventosa y subió hasta lugar seguro.

Desde lo alto de la mata miró a su familia y a sus amigos, escurrió el agua de su concha y dijo: ¡Vaya, sí que tengo que celebrar! ¡Aprendí lo necesario para estar vivo! ¡Tengo mucho que celebrar! ¡Vamos a la fiesta!

Vivir el presente

En estos días en los que mucha, mucha gente está pre-ocupada por lo que sucederá próximamente (el Domingo hay elecciones presidenciales en Venezuela), es importante recordar algo muuy sencillo: preocuparse o lamentarse es lo más estúpido que podemos hacer porque, como dice Julieta Venegas, El presente es lo único que tengo:

¡Más razón que un santo! ¡Qué importante que nos ocupemos hoy de lo importante, y tomemos hoy las opciones que abren nuevos futuros, en vez de temer, lamentar o ansiar un mañana por el que no lucho ni trabajo hoy!

Otro argumento importante, según los Ejercicios Espirituales de San Ignacio [EE 186], es acostumbrarme a tener la perspectiva adecuada sobre lo que será importante: una vida limitada que puedo malgastar o aprovechar.

Este poema ha dado muchas vueltas por Internet. Quizás te ha llegado a tu correo atribuido falsamente a Borges. Es un poema sobre lo que uno haría cuando se da cuenta de que una buena parte de su vida no ha vivido, se ha dedicado a cumplir lo que los otros le decían. Y eso duele bastante. Vamos a meditarlo para reafirmar nuestras ganas de aprovechar, ya desde los primeros años, las posibilidades de estar vivo.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

(Autor: Nadine Stair ¿Borges?)
Y yo, ¿Qué puedo hacer ahora para no arrepentirme de haber vivido tan poco en el futuro?

Optimismo

“Una mujer muy devota se quejó al párroco:

– Vengo a Misa con todo el esfuerzo y mire, un pájaro me cag-‘ encima!

Él respondió sonriendo:

– No se queje por esa mancha, dé gracias a Dios de que las vacas no vuelan!”

Esta historia se atribuye al P. Luis Ibarlucea, sacerdote mercedario, gran persona, alegre y práctico, buen echador de cuentos (contador de historias) y esforzadamente optimista.

Palabras para el agradecimiento (Documento)

Las reflexiones de este mes, en consonancia con los últimos días del curso escolar, se centran en torno al agradecimiento “por tantos bienes recibidos”.

De todas las “Palabras para la vida”, Gracias y Por favor son las dos más importantes y frecuentes. Pero muchas veces dejamos de usarlas, porque estamos con gente conocida o en situaciones habituales. Y con ello perdemos una gran oportunidad de enlazar las vidas de los que convivimos juntos.
Hay cosas gratuitas, que no controlamos, que son más valiosas que lo que conseguimos por esfuerzo: el respirar, un paisaje, tener a alguien que me quiera, poder amar…

View this document on Scribd

Como siempre, invitamos a consultar el folleto y si desean, aprovechando la licencia Creative-Commons, a descargarlo y usarlo para pensar, valorar y orar.

El Rey tacaño (Cuento)

Dice la leyenda que, en medio de altísimas montañas en un rincón de los Himalayas, se abre un pequeño valle de suaves colinas y verdes pastos, Shangri-Lotsi, el primero de los siete Beyul o lugares de paz escondidos. La armonía y la sonrisa imperan en este pequeño reino: la gente trabaja sin agobios y dialoga con alegría, sin saber lo que es la envidia o la ira, sin haber visto nunca una discusión. Sin embargo, en todo el valle se reconoce como fundador al joven Rey Tacaño, Guru Pema Gyalpo. Los pocos exploradores que han llegado a Shangri-Lotsi y no se han quedado allí cuentan cómo hizo el rey para reunir a un pueblo que viviera en paz.

Cuando Gurú Rimpoche predijo la creación de los Beyul o Valles de Paz, el Joven Rey Pema Gyalpo partió hacia el Norte con la riqueza de sus antepasados, un tesoro de incontables diamantes, perlas y rubies, pequeños, medianos e incluso algunos grandes como granos de uva madura, y miles de monedas de oro. Antes de llegar a Shangri-Lotsi, puso cada joya debajo de una piedra o una planta en lo alto de las montañas, e hizo un pequeño mapa de su posición. Luego bajó al valle, construyó una casa, una ermita y un huerto.

Pronto empezaron a llegar los campesinos de otros lugares para pedirle ayuda. Pero él les ofrecía este pacto: trabajarían tres días en el valle, y después, al marcharse, les ayudaría a encontrar la joya que merecían. Al partir el Rey les daba un pequeño mapa, que a veces llevaba a un enorme rubí, a veces a una discreta perla, o a un diminuto brillante de medio kilate, o una solitaria moneda de oro. Algunos no encontraban la joya y se desesperaban ante el mapa. Otros la encontraban, pero invariablemente pensaban que les había entregado algo mucho menos valioso de lo que habían imaginado recibir durante esos tres días, a pesar de que la más pequeña joya equivalía a un año o dos de su salario de campesinos. Unos y otros, enfadados, extendieron la noticia por sus pueblos de que el valle escondido estaba gobernado por un Rey tacaño y arbitrario.

Sin embargo, unos pocos pensaban que el valor de la joya era mucho más de lo que necesitaban y merecían, y decidían volver para agradecer al Rey tanta generosidad. Sólo a estos, lo agradecidos, los invitaba a quedarse para descubrir en esa tierra algo más valioso. Y así fue como, con los que descubrieron la verdadera joya del amor, se formó una comunidad de gente capaz de valorar y agradecer, una tierra donde vivir en armonía y paz, bajo la sabiduría del Rey Generoso.

Pregunta
¿Soy de los que siento que tengo menos de lo que merezco, que mi familia no entiende, que mi cole no vale, que mi país no sirve? ¿O soy de los que ven mucha más riqueza y mucha más generosidad de la que necesito y merezco?
Practicar con constancia el agradecimiento lleva de lo primero a lo segundo.

Nota: las fotos en Blanco y negro corresponden a la famosa expedición de Joseph Rock a la zona occidental del Tibet a finales de los 20 y 30s, y tomadas de http://www.nationalgeographicstock.com , http://ow.ly/brjEd . La inspiración para este cuento viene de Shangri-La, que sería uno de los siete Beyul según James Hilton. La información sobre este lugar y otros muchos detalles está tomada de los artículos de la Wikipedia en Inglés.

El secreto de Merlín (Cuento)

Merlín tenía que hacer un largo viaje a tierras lejanas, así que dejó su casa en el centro del Bosque con un simple letrero sobre la puerta encantada:

“Se necesita ayudante: el seleccionado aprenderá como pago por su trabajo todo tipo de magia. 
Para obtener el puesto, deberá encontrar las palabras mágicas que yo uso para abrir la puerta al entrar y salir”.

Al poco tiempo la fila de jóvenes deseosos de entrar al servicio de Merlín se alargaba por el bosque como cola electoral. Uno a uno, los candidatos se acercaban a la puerta de la casa encantada y probaban palabras, encantamientos u órdenes para abrir la puerta. Pero nada, la puerta seguía inmóvil como si estuviera fundida en la piedra.
A las pocas semanas, con Merlín sin aparecer, apenas dos o tres candidatos se acercaban para probar y la entrada se iba cubriendo de hojas secas. Fue entonces cuando Randalf, un joven candidato que había viajado muchos días para aprender la verdadera magia, se plantó frente a la prueba. Estudió el anuncio y la puerta, probó el “Abracadabra” y el “Supercalifragilístico”, pero nada. ¿Por qué Merlín habría preparado una prueba así? – se preguntó – ¿Qué deseaba enseñar con eso?…
Meditó, pensó,…Y entonces comprendió: se puso frente a la puerta y, suavemente, dijo: “Puerta, ¡ábrete, por favor!”. Y la puerta, suavemente, se abrió para dar paso a Randalf, el joven aprendiz.
Mientras entraba, el joven sonrió pues ya sabía cuál era la otra palabra mágica para poder salir más tarde:
¡Gracias!

A %d blogueros les gusta esto: