Su clase era como una hallaca

Aquella maestra se jubilaba en medio del respeto y la admiración de profesores, alumnos y generaciones incontables de exalumnos que la recordaban con agradecimiento.

En el acto de homenaje, la pregunta obvia que le hicieron fue:
Maestra, ¿cuál fue el secreto de su éxito como maestra?
Ella, sonriendo a los que le miraban, explicó:
– Bueno, yo al inicio pasé dos años con dificultades para hacerme con el grupo: o bien era demasiado estricta, o demasiado indulgente. O bien ponía demasiados ejercicios o daba demasiados ejemplos. Pero al tercer año, con un grupo bien difícil, se fue creando la magia, ese ambiente de conexión y trabajo alegre tan difícil de conseguir.  Y entonces, justo antes de Navidad, un alumno que normalmente se la pasaba distraido y sin trabajar, me dijo esto: “maestra, su clase me ha gustado mucho, su clase ha sido como una hallaca
– Ese año reflexioné mucho mientras cocinaba las hallacas con mi familia. Al volver empecé a aplicar la combinación de la hallaca y me di cuenta de que esa era la fórmila justa para cocinar el aprendizaje.
– Y ahora les dejo a ustedes este secreto: hagan de cada clase una hallaca, una exquisita combinación de sabores y alimento.

  • En el centro de una buena hallaca está el guiso formado de muchos ingredientes: carnes de distintos tipos, con aderezos salados y dulces, grasos y secos. Así deben ser las clases, alimentar la educación con conocimientos humanistas y de ciencias, cotidianos y extraños, sencillos y complicados, pero todos cocinados juntos con mucho tiempo, en un único producto.
  • El guiso está depositado en una envoltura de masa de maiz, que debe adquirir el sabor del guiso sin remplazarlo. Una buena hallaca tiene poca masa, la justa para abarcar todo el centro. En la clase los ejercicios, la repetición, el trabajo en el cuaderno, los informes, los exámenes, son necesarios para el éxito, pero deben ser sólo los justos para no cansar ni convertirlo todo en un bollo pelón.
  • El conjunto se cocina envuelto en una hoja de plátano. La hoja no se come ni alimenta, pero es esencial para mantener el conjunto ligado y que se cocine con el sabor adecuado. La clase se da en un ambiente académico de salones, instalaciones, horarios, programaciones… No son objeto de aprendizaje, pero sin ellos no se podría cocinar la clase con su genuino sabor.
  • Por último, cada hallaca se ata con un cordel que tiene como misión sujetar para que todo esté en su sitio durante la cocción y el servicio. Igualmente, la clase viene ligada con unas pocas normas, las suficientes para que guiso, masa y hoja ocupen su sitio. Cordel y hoja no deben ser las protagonistas de la fiesta, aunque sean las únicas que se ven cuando nos regalan hallacas o se sirven sobre la mesa.

¡Que disfruten del banquete educativo!


NOTA: (Las fotos son de la mejor receta – o manual de hacer hallacas – que conozco en Internet )
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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Beatriz Morales
    Feb 29, 2012 @ 12:57:10

    Genial eso de hacer analogía de lo educativo con la Hallaca!!! Creo que a este paso, pronto recopilarás tus textos y harás un hermoso libro al que podremos acudir cuando sea necesario. Sigo grabando y confiando en Dios!!! Un beso grande!!

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