Enemigos mortales

Inspirado por una joven rebelde.

En las profundas selvas del Amazonas todos los animales respetan las normas de la Naturaleza. Una vez, una joven Jaguar de mirada penetrante y movimientos felinos cayó en una trampa de cazadores furtivos que le destrozó una pata. Gracias a Dios, la encontraron antes los indígenas y avisaron a los guardias, quienes la sedaron y la enviaron a un centro de recuperación de animales salvajes.

Cuando la joven jaguar despertó, se encontró con la pata enyesada sobre un triste árbol seco, con un cuenco de agua y paredes de dura roca vertical en la oscuridad. Después de mucho tiempo, el frente se iluminó con una luz cegadora y  se acercaron varios humanos sin ninguna muestra de respeto o temor ante ella. La joven jaguar, siguiendo la lógica de los animales de la selva, se lanzó rugiendo sobre los enemigos para espantarlos, pero  a medio salto, se golpeó con una enorme superficie lisa y fría, sin olor ni movimiento.

El golpe fue terrible. Ese enemigo estaba mucho más cerca de lo que había calculado, y era extrañamente fuerte y despiadado. Sintió miedo, pero debía mantener la dignidad y la lucha. Se volvió a lanzar, y recibió un nuevo golpe. Intentó acercarse de nuevo, pero le detuvo esa fuerza rígida y fría. Lanzó un zarpazo con la pata buena, pero sus uñas no hicieron mella en el enemigo, que por alguna magia se veía mucho más atrás de lo que decían sus golpes.

Una hora más tarde, los cuidadores decidieron que aquella joven jaguar no era capaz de adaptarse:
– “¡Es una fiera demasiado agresiva!, ¡No quiere adaptarse al sistema! Y dado que se está lastimando cada vez más contra el cristal, rechazando nuestra ayuda, seguramente deberá ser sacrificada.”

Pero Waqua, el joven yawarana que ayudaba a su padre en el centro, se quedó en la oscuridad cuando se fueron los cuidadores. Pasó allí mucho tiempo, observando al Jaguar en la penumbra, hasta que entendió su dolor y su dignidad. Entonces tomó un cesto, abrió la jaula y se metió dentro.

La Jaguar, al ver a un nuevo intruso, y mucho más cerca, saltó de nuevo y a unos centímetros del joven rugió con todas sus fuerzas. Este, realmente aterrorizado, se encogió en el suelo, haciéndose un minúsculo ovillo bajo el cesto. La joven Jaguar, ante aquel enemigo que temblaba indefenso, volvió a lanzar su rugido, acercó su hocico, lo olió,… y decidió que no era amenaza ni lo necesitaba ahora como alimento. Majestuosa, le dio todavía una vuelta más y volvió satisfecha por fin a su rincón.

Cuando volvieron los cuidadores, descubrieron asombrados la jaula abierta y al joven sentado dentro, tejiendo un cesto mientras la Jaguar permanecía tranquila a tres metros. Haciendo señas de no encender la luz, Waqua salió de la jaula y con ayuda de los traductores les explicó el cambio:

– Ustedes, hombres de la ciencia, curaron  a la jaguar, pero la encerraron poniendo entre ellos y ustedes una barrera de cristal, invisible, pero rígida. La jaguar, al acercarse para pedir espacio y respeto, se golpeó contra el muro inflexible de la seguridad que ustedes levantaron. Pensaban que protegían a los dos con el cristal, pero consiguieron que ella se hiriera con su propia dignidad.

– Yo entré en su mundo, sin cristal que le devolviera su propia ira. Sin barreras, pudo acercarse y transmitir su mensaje, así que ya no necesitó mantener su lucha. La jaguar no es agresiva, simplemente ustedes, al quedarse lejos y seguros tras el cristal, la dejaron sola con su dolor, y eso era lo que hizo daño.

– Arriésguense, pongan una simple reja de madera que marque el límite, superen la distancia y descubrirán que la Jaguar es, como ustedes, simplemente otro animal más que busca su propio lugar.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Teresa Bosch
    Feb 12, 2012 @ 20:20:34

    Potser la jaguar es deia Teresa

    Responder

  2. Silvia Ortiz
    Mar 02, 2012 @ 09:13:29

    me encanta la enseñanza de esta historia, la distancia es un tipo de defensa pero no conseguimos entender el daño que podemos causar

    Responder

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